Daños y perjuicios: ¿se pueden valorar siempre?

22/06/2020 Peritación, Valoración

¿Cuándo estamos ante una situación de daños y perjuicios ante la que es posible actuar? A lo largo de la vida son muchos los momentos en los que nos vemos obligados a afrontar situaciones poco agradables o con un alto coste personal a nivel físico, emocional, patrimonial o moral. Estamos hablando de escenarios tan cotidianos como accidentes de circulación, cortes de electricidad que afectan a una cadena de producción, terremotos, o pandemias en los que pueden darse consecuencias en forma de daños morales y daños materiales.

¿Qué entendemos por «daños y perjuicios» exactamente?

Sin duda, los daños morales son los más difíciles de evaluar -no en vano, existe un avivado debate en la jurisprudencia acerca de cómo deben valorarse y compensarse este tipo de perjuicios-, dada la dificultad de calcularlos, valorarlos y compensarlos. De cualquier manera, no son sólo daños de carácter moral los que se ven envueltos en situaciones de estas características; los daños materiales son incluso más frecuentes y, en multitud de ocasiones, es más sencillo calcularlos siempre que se sigan los procedimientos adecuados. Este punto se basa claramente en la máxima jurídica de que todo daño debe ser indemnizado económicamente.

Por lo general, al referirnos a daños nos estamos refiriendo a una lesión, agravio o menoscabo que sufre un individuo en su patrimonio, en su ser físico o psicológico, en sus derechos o en sus facultades. A la hora de enfrentarse a una situación de este tipo, el concepto clave no es otro que el de valoración de daños, pues todos los daños son susceptibles de una valoración económica. Para ello, son diversos los métodos para determinar un valor: baremo estándar, facturas, presupuestos, informes periciales, etc.

valoración de daños

Además, no se puede obviar el hecho de que dentro de la categoría de daños materiales podemos encontrar multitud de situaciones de naturaleza dispar, en las que nos podemos enfrentar a situaciones complejas en las que intervienen conceptos como daño emergente y lucro cesante. El daño emergente hace alusión al valor o precio de un bien que ha sufrido un daño o un perjuicio. Este es el caso que a lo largo del último año hemos podido observar ante catástrofes naturales como la DANA o GLORIA, que asolaron buena parte de la costa mediterránea causando daños valorados en decenas de millones.

Por su parte, el lucro cesante hace referencia al beneficio que un sujeto deja de percibir como consecuencia de un perjuicio o daño que se le ha causado, lo que puede ocasionar pérdidas. Esta es una parcela muy relevante en la valoración de empresas y negocios. En las últimas semanas, este es un fenómeno muy extendido a consecuencia de la expansión del a pandemia del COVID-19. Hay que decir que son muchos los bufetes de abogados que actualmente están instando a sus clientes a valorar este tipo de daños como paso previo a iniciar acciones legales. En ese sentido, podríamos señalar que el lucro cesante puede estar motivado bien directamente por la pandemia, bien indirectamente como consecuencia de las medidas adoptadas por el Estado en sus diferentes niveles administrativos.

¿Qué necesitamos para hacer una valoración de daños?

Como es lógico, para una valoración adecuada y que pueda ser utilizada ante terceros o como prueba en procesos judiciales, es necesario realizar una tarea de investigación previa que cumpla con unos requisitos adecuados. Este es un punto importante, dado que sobre esta fase de investigación pivotará el resto del proceso de valoración. Taxo cuenta con un sólido equipo de profesionales especializados en técnicas de investigación complejas, que abarcan tanto metodologías de micro investigación como de macro investigación, lo que garantiza un conocimiento riguroso, detallado, veraz y fiable.

En resumen, las habilidades que deben poseer los profesionales en materia de accidentalidad y valoración de daños son las siguientes:

  • Dominio de métodos y técnicas de reconstrucción de accidentes.
  • Dominio de herramientas digitales que permitan la utilización de apps y creación de bases de datos dinámicas.
  • Conocimiento de los conceptos de accidentología, causalidad y prevención, entre otros.
  • Seguimiento de un procedimiento adecuado de toma de datos y recogida de información.
  • Aplicación de conocimientos de biomecánica aplicados al accidente.

No podemos obviar, además, la importancia de la experiencia y del know how que sólo da el paso de los años. En el haber de Taxo se hallan experiencias tan complejas como la valoración de daños causados por la DANA del pasado septiembre. Este, entre otros muchos trabajos realizados en los más de 20 años de historia de Taxo, nos convierten en actor de referencia de la valoración de daños, perjuicios y pérdidas en España.